lunes, 17 de abril de 2017

Las grasas: clasificación I

Hoy quiero dedicarle el primer post de una serie, que creo os resultara de gran interés y ayuda, a las grasas que muchos podéis consumir a diario. En está ocasión os explicaré cómo se clasifican las grasas y cómo para mi ha habido un antes y un después a raíz de descubrir lo dañinas que son las grasas hidrogenadas y los tremendos cambios que mi cuerpo ha experimentado al dejar de consumir alimentos que las contienen.

Me gustaría hacer mención especial al hecho de que su consumo no es algo que sólo afecte a adultos y que yo aconsejo que se controle ya desde niños. Puede parecer algo engorroso el ir mirando la composición de lo que comemos pero creo que es interesante saber con qué alimentamos nutrimos nuestro cuerpo ya que muchos de los problemas que tenemos de peso, piel, ansiedad …. proceden de una alimentación inadecuada. Os aseguro que merece la pena dedicar ese tiempo ya que una vez descubres la gama de alimentos que no contienen estas grasas haces la compra tan rápido como antes pero ganando en salud. 
Y ahora centrándome en lo importante, os diré que las grasas pueden clasificarse en tres grupos: grasa saturada, grasa hidrogenada y grasa insaturada. Estos términos se refieren a la estructura de las moléculas que las forman. Las dos primeras son sólidas a temperatura ambiente y la tercera es líquida en las mismas condiciones.
Las grasas saturadas y las hidrogenadas se deben ubicar dentro de las grasas perjudiciales,  dado que su consumo aumenta el colesterol en la sangre. Los alimentos de origen animal de sangre caliente y los productos lácteos, como quesos y mantequilla, son las principales fuentes de ácidos grasos saturados. También se pueden encontrar en productos vegetales como el aceite de palma, cacahuete y coco.


El aceite de palma, del que tanto se habla últimamente, es saturado hasta en un 50%. El aceite de coco es un aceite vegetal,  que contiene cerca del 90% de ácidos saturados. Las grasas saturadas se emplean básicamente como fuente de energía pero se pegan en células, órganos y arterias en forma de colesterol (LDL), provocando serios problemas de salud (cardiovasculares).
Se debe tener presente que existen gran cantidad de alimentos de consumo masivo que no poseen colesterol en su composición, pero sí grasa hidrogenada, cuyo efecto final es el aumento del colesterol en la sangre.
Os adelantaré, a través de un ejemplo, el tratamiento que llevan algunos bollitos o galletas. En su elaboración se emplea algún tipo el aceite vegetal (en los últimos años el aceite de palma es el más utilizado y también perjudicial para la salud) que se pone a una temperatura muy alta para después inyectarles hidrógeno. De esta manera, las grasas insaturadas se convierten en saturadas por la hidrogenación. Por lo tanto, la composición y la estructura de las grasas del aceite que se anuncia como 100% vegetal acaba teniendo poco que ver con las de un aceite vegetal natural, ya que las grasas hidrogenadas no existen en la naturaleza.