viernes, 7 de abril de 2017

La indignación

Como ya os comenté en mi entrevista en Celíacos en Directo durante los primeros meses en los que fui consciente de que era celíaca pasé una etapa de indignación, así que hoy me centraré únicamente en lo que supuso para mi saber que era celíaca y esa etapa en la que me sentía indignada por casi todo.

Ya os había contado que hacía años que cuidaba mi alimentación, ya que pensaba que mis problemas digestivos podían estar ocasionados por los malos hábitos alimenticios, así que comencé a comer mucho más sano. Mi primer momento de indignación se produce cuando descubro que la mayoría de los productos sin gluten usaban ingredientes de poca calidad, como la grasa de palma, y que todo lo dulce pasaba a ser extremadamente dulce.

¿Cómo iba a dar tantos pasos atrás, volviendo a consumir aquello que consideraba perjudicial para mi salud? Casi no conocía marcas, ni si había tiendas donde poder comprar productos sin gluten y sin lactosa. Me recorría todas las cadenas de supermercados y me pasaba horas leyendo los ingredientes de cada cosa que caía en mis manos. Había productos que para mi eran básicos como el pan (compraba panes espaciales de semillas, harinas de diferentes cereales, ...) o la pasta, que decidí dejar de consumir durante una temporada ya que para mi no se parecían ni por asomo a lo que era un pedazo de pan o una plato de macarrones. La verdad es que en 4 años, que es el tiempo que llevo diagnosticada, la oferta y la calidad de los productos ha mejorado mucho.

Mi segundo momento de indignación se produjo al ser consciente de lo que suponía vivir en un pueblo a las afueras de Madrid y ser celíaca. Me di cuenta de que no contaba con ninguna posibilidad de encontrar productos sin gluten en los establecimientos de mi zona. Si un día tenía un capricho y me apetecía un bocata, sandwich o algo dulce, ¡¡¡vaya caprichos de lujo tenía!!! ;-),  mi indignación tocaba sus máximos picos, ya que, si no había hecho acopio de víveres, estaba perdida porque tenía que coger el coche e ir a algún pueblo en el que vendiesen algo libre de gluten. Os garantizo una cosa, no vivo en un pueblo de montaña con un ultramarinos y sin acceso por carretera, vivo en una localidad con casi 17.000 habitantes que afortunadamente en la actualidad ya cuenta con un Mercadona.

Me venía a la cabeza esa escena de película en la que alguien sale en pijama con el abrigo y las botas para comprar tabaco, pero esto era diferente ya que lo que buscaba era comida que para nosotros es medicina. Ahora ya lo veo como algo cómico pero os aseguro que en su momento no le veía la parte graciosa por ningún lado.

Y seguimos con las indignaciones porque como os decía, hacer la compra se convertía en hacer la ruta de los supers. No sólo había perdido tiempo y dinero en los desplazamientos, sino que por más del doble de precio me llevaba la mitad.

Creo que todos pasamos por este momento en el que se nos salen los ojos de las órbitas al descubrir que cosas que hasta hace nada eran sencillas, como hacer la compra para comer, se convierten en algo complejo y que asimilarlo  lleva su tiempo. Pero como os comenté en la entrevista de "Celíacos en Directo" lo positivo es que descubres lo que realmente comes y aprendes a ser más organizado y todo lo que haces pasa poco a poco a normalizarse.