miércoles, 8 de marzo de 2017

Leche sin lactosa

Descubrí que tenía un problema con la lactosa antes de saber que era celíaca. Tenía claro que los lácteos no me sentaban bien ya que era comer algo de queso y ponerme malísima. De hecho llevaba años tomando muy poca leche. Alrededor del 15% de la población española está diagnosticada como intolerante a la lactosa aunque existen casos de muy diversa intensidad sin diagnosticar. Esta intolerancia puede ser parcial o total, y puede iniciarse en la infancia, la adolescencia o en la edad adulta.




Los síntomas más comunes de la intolerancia a la lactosa son las náuseas, calambres, inflamación, gases y/o diarrea tras la ingesta de alimentos que contienen lactosa. Estos síntomas suelen aparecer entre 30 minutos y 2 horas después de haber ingerido alimentos que contienen lactosa (mi reacción es casi inmediata, ya que al ratito de haber ingerido lactosa mis tripas empiezan a rugir como si tuviese un león dentro y comienza la inflamación), y desaparecen entre 3 y 6 horas más tarde. Éstos se deben a que la lactosa no digerida en el intestino delgado pasa al grueso y allí es fermentada por las bacterias de la flora intestinal, produciendo hidrógeno y otros gases.

Si pensabais que los productos sin lactosa que encontramos en el mercado la eliminan, os diré que no es así ya lo que se hace es descomponerla. La lactosa es un disacárido, compuesto por dos monosacáridos, una molécula de glucosa y otra de galactosa, y lo que se hace es, por medio de una enzima, la lactasa, descomoponerla en glucosa y galactosa. El problema que tenemos las personas intolerantes a la lactosa es que somos incapaces de producir esa enzima, o lo hacemos en una cantidad insuficiente. La enzima que se necesita para digerir la lactosa, baja su producción al mínimo a partir de los 4 años, y eso hace que la lactosa no se digiera.

Los productos lácteos contienen un equilibrio de proteínas, grasas y carbohidratos. Los hidratos de carbono en los productos lácteos provienen del azúcar natural de la lactosa,  así que los que pensabais que la leche sin lactosa engorda menos al no contener lactosa os diré que no es así ya que todos los azúcares siguen ahí, solo que ahora están “hechos puré”. Por lo tanto, es importante que los diabéticos y personas que hacen dieta controlen la cantidad que consumen.

Además, es importante que sepáis que un vaso de leche entera, semi o desnatada contienen, dependiendo de la marca, unos 12 gr. de hidratos de carbono, siendo los 12 gr. azúcares. Qué significa esto, pues que si queréis perder peso os olvidéis de tomar leche, aunque sea desnatada, a partir de las 18,00 h. La leche sin lactosa suele tener un sabor mas dulce porque el poder edulcorante de la lactosa (presente en la leche normal) es menor que el de la lactasa (presente en la leche sin lactosa) por lo que suele resultar más apetecible, os lo digo por experiencia.

Además hay que saber que la grasa, en su justa medida y siempre que se trate de grasa buena; baja el índice glucémico de la comida y amortigua las subidas repentinas de glucosa en sangre tras una comida, con lo que se evitan los picos de insulina que causan que se acumule grasa.