jueves, 30 de marzo de 2017

La vitamina D

La semana pasada tuve la suerte de disfrutar de unos días de sol, playa y montaña y al volver tuvimos una ola de frío que me hizo ver lo importante que es el sol para nuestra salud. En Madrid pasamos  muchos meses saliendo y llegando a casa de noche y la única luz que vemos es la de los fluorescentes de la oficina.

Para que el cuerpo genere Vitamina D, también denominada "la vitamina de la luz del sol" nuestra piel debe estar expuesta al sol un mínimo de minutos diarios. Si por trabajo madrugamos y llegamos tarde a casa, poco sol vemos y si lo hacemos es a través de los cristales de la oficina. Los celíacos debemos controlar la absorción de vitaminas, ya que es fundamental para nuestra salud. Yo he tenido que tomar Vitamina D en un par de ocasiones ya que me pasaba mucho tiempo entre cuatro paredes trabajando sin ver el sol.


La vitamina D la produce de forma natural el cuerpo humano cuando se expone a la luz solar directa pero hoy en día a lo que estamos expuestos la mayor parte del día es a luz artificial. La mala iluminación tiene efectos tan nocivos como la malnutrición en nuestro organismo, aunque una excesiva exposición a la luz solar puede resultar tan perjudicial como la falta de la misma.
Para que os hagáis a la idea por cada minutos que pasamos bajo el sol en verano, nuestro cuerpo puede llegar a producir cerca de 1.000 unidades de vitamina D, cuando diariamente se necesitan sólo cerca de 2.000 para estar saludable.

Ademas, la luz solar también controla el reloj interno del cuerpo regulando el ciclo de 24 horas de luz y obscuridad. Por eso, en muchas ocasiones los problemas de insomnio se deben a una falta de exposición a la luz solar durante el día.
La vitamina D es imprescindible para la absorción de calcio y de magnesio en los huesos. En la mayoría de los casos el origen de la osteoporosis es la carencia de vitamina D, no de calcio. Pero la vitamina D no sólo fortalece los huesos sino que también es importante para el funcionamiento de los músculos. 

En casos en los que se vive en países no soleados o en bebés a los que no se les expone nunca al sol, el déficit de vitamina D puede producir descalcificación de los huesos, caries dentales graves o incluso raquitismo. Los estudios indican que una insuficiente exposición al sol incrementa el riesgo de padecer algunos cánceres como el de colon, mama y próstata, e incluso, por extraño que parezca, también el de piel. La Comisión Europea afirma que en niños las exposiciones cortas de 15 minutos a la luz del sol varias veces por semana son suficientes para garantizar una fabricación adecuada de vitamina D y evitar las quemaduras en la edad infantil. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS), considera que en adultos es suficiente exponer la cara y los brazos al sol durante unos 30 minutos al día.
Si tomamos el sol de vez en cuando, no tendremos necesidad de buscar un suplemento de vitamina a través de la dieta pero debido a que en muchas ocasiones, por multitud de circunstancias, no podemos cubrir estos mínimos de exposición al sol,  encontramos alimentos ricos en vitamina D,  como el aceite que contienen algunos pescados (salmón, caballa, sardinas, atún …) y mariscos (ostras, almejas, camarones …), huevo, hígado de vaca, setas, aceite de hígado de pescado… La vitamina D también se puede encontrar en otros alimentos enriquecidos como leche y yogurt.